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¿Qué sabemos del Parkinson?

El Parkinson, tal y como indica la Organización Mundial de la Salud (OMS) es un trastorno producido por el deterioro y la muerte de unas células presentes en el cerebro, que son las responsables de producir la molécula de la dopamina, moléculas encargadas de la coordinación y generación de los movimientos musculares.

Se trata de una enfermedad de proceso crónico, progresivo y degenerativo, que está enmarcada dentro de los denominados trastornos del movimiento.

Un cirujano británico, llamado James Parkinson, al que la enfermedad debe su nombre, fue el primero en 1817 en integrar los diferentes síntomas y afecciones de la enfermedad, que hasta ese momento eran considerados como diferentes entidades. Así pues, desde ese mismo momento se asentaron las bases para seguir investigando y progresando en el descubrimiento de lo que es la propia enfermedad.

Causas que lo provocan

Según indica la Asociación Europea de Enfermedad del Parkinson, el Parkinson es la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente, superada solamente por el Alzheimer. No existen unas causas concretas sobre el surgimiento de la enfermedad, aunque sí que podemos afirmar que la edad es un claro factor de riesgo, siendo común que los síntomas comiencen a aparecer al superar la edad de 60 años. No se trata de una enfermedad genética hereditaria, aunque según diversos estudios se estima que entre un 15 y un 25% de las personas que padecen Parkinson, cuentan con al menos un familiar que ya lo ha padecido.

Cómo se comporta la enfermedad

Es importante resaltar que se trata de una enfermedad progresiva, por lo que dependiendo del momento de desarrollo de la enfermedad, el paciente estará más o menos afectado, aunque podemos citar los principales síntomas que padece una persona con Parkinson:

Síntomas que padece una persona con Párkinson

1; Temblores en reposo. Estos temblores se presentan antes de hacer un determinado movimiento y desaparecen una vez se ha realizado. Suele afectar mayoritariamente a los brazos y en menor medida a las piernas y la lengua. Este síntoma se encuentra presente en más del 70% de las personas diagnosticadas con Parkinson.

2; Lentitud de movimientos. El paciente presenta una evidente lentitud a la hora de realizar movimientos precisos y de pequeña amplitud, tales como afeitarse, escribir o abrocharse un botón, por ejemplo. Conforme avanza la enfermedad, es probable que esa lentitud se produzca también al realizar movimiento que no requieren tanta precisión.

3; Rigidez en las extremidades. Se suele detectar en las visitas habituales al médico de los pacientes. Estos, muchas veces sin ser consciente de ellos, presentan una mayor rigidez y dificultad en la capacidad de movimientos, principalmente en zonas como las muñecas, los codos, los tobillos y las rodillas.

Otros síntomas asociados, aunque no siempre se presentan, pueden ser una menor expresividad de la cara, trastornos del sueño (insomnio, por ejemplo), síntomas psíquicos (depresión, ansiedad…), o disminución del sentido del olfato.

La enfermedad hoy

Desgraciadamente, a día de hoy, la enfermedad del Parkinson no tiene cura, aunque se emplean diferentes tratamientos para frenar la evolución de la enfermedad, tales como la fisioterapia y terapia ocupacional, el empleo de diferentes medicamentos, como la Levodopa y la Carbidopa, o las denominadas cirugías de estimulación cerebral profunda, mediante las que se estimulan los ganglios basales con pequeños electrodos.

Como podemos comprobar, el Parkinson afecta de forma agresiva y progresiva a los diagnosticados, impidiéndoles en muchos casos realizar una vida normal sin ayuda externa. Nuestras cuidadoras son conscientes de ello y conocen a la perfección todos los cuidados que requiere un enfermo de estas características, pudiendo así brindar la ayuda necesaria al paciente y fortaleciendo sus vínculos y cuidados diarios.